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Todos tenemos un pastel de chocolate que nos seduce.

Hoy Rebeca nos compartió su gran secreto. Después de varias sesiones confesó en el grupo algo que le provocaba una enorme vergüenza. Desde niña tuvo dificultades con su talla, sin embargo, se justificaba ante ello explicando que tenía problemas de tiroides, por lo que le resultaba difícil mantenerse en forma a pesar de las múltiples dietas que había intentado. En este encuentro, por fin, pudo decir la verdad: –hace tiempo que como a escondidas.

El pastel de chocolate era su adicción y, para que sus hijos no se dieran cuenta, lo escondía en los lugares más insólitos. Como el pastel le duraba poco más de un día no había peligro de que se echara a perder. Comía sobre todo en las noches cuando ya todos estaban dormidos, en menos de cinco bocados era capaz de terminar con el pastel. No había disfrute, sino la necesidad inmediata de deglutir, de sentirse satisfecha, ya que eso le provocaba sueño y entonces podía pasar mejores noches. El grupo inmediatamente la contuvo, se sintieron tan aliviados como ella de finalmente hablar de esto. A partir de su revelación se diluyó el síntoma entre los presentes: todos tenemos un pastel de chocolate que nos seduce.


Para algunos el pastel representaba la adicción a la responsabilidad, no podían parar de cumplir muy a pesar de ellos. Para otros, el pastel simbolizaba la necesidad de aceptar muchas cosas sin forzosamente estar de acuerdo con tal de complacer. Incluso algunos hablaron de su fascinación por el control y lo agotador que llegaba a ser. El grupo pudo comprender la necesidad tan fuerte que cada uno de ellos tenía por mantener oculto su pastel de chocolate, sin embargo, se sentían atraídos por él, dependientes y sometidos. Cada uno pudo mostrar su secreto, intuyendo que aceptar su presencia era el primer paso para acomodarlo internamente.


“Comiendo” fue la manera como aprendimos a sentirnos vistos por nuestra madre o por quien solía alimentarnos y, por lo tanto, es la forma en la que mantenemos baja la tensión. Del éxito o del fracaso de esta primera mirada dependerá la intensidad de futuras conductas. Es decir, si la experiencia nos dejó satisfechos, es probable que esa sensación perdure internamente. De lo contrario, si el resultado nos dejó insatisfechos, buscaremos compensar, la falta de mirada, con futuras conductas que nos provean de una falsa sensación de saciedad. Es decir, el pastel se convierte en un engaño cuando se acaba, porque cuando esto ocurre, el vacío aparece nuevamente.


 

Complementa la lectura con la reflexión final de la Dra. Ruiz de Otero, en audio o video.

 

Al hablar de estos vínculos ocultos, se abre la posibilidad de convertir la vergüenza y la culpa persecutoria en una noción reparadora. A menudo, cuando esto ocurre, el grupo se vuelve un sustituto parcial de los pasteles de chocolate. La diferencia radica en que este espacio se vuelve también un contenedor y simultáneamente metaboliza las emociones que no se han podido deglutir de forma adecuada.

El grupo comenzó por aceptar y respetar sus pasteles, dejaron de ser indulgentes, para entonces ver lo que han mantenido oculto por tanto tiempo. La cámara del espejo propició las siguientes epifanías:

“Resolverle todo a mi hijo me parece de lo más apetecible, siempre decido por él, no puedo parar a pesar de que me doy cuenta del daño que le hago”.
“Estoy cansado de que todo mundo se cuelgue de mí, pero poner un límite es algo que no puedo, veo la responsabilidad como una tentación, cuando aparece me dan ganas de darle una mordida al pastel de chocolate”.
“Sé que esa relación me hace daño, pero se me antoja seguirla masticando, sé que me voy a empachar y aun así no puedo parar”.


El espejo de la técnica grupal

La prevalencia que existe del Binge- eating disorder “Comedores Compulsivos”, es alta. Se cree que la base de estos desórdenes se debe a la falta de una conducta de apego que haya provisto a la persona de la sensación de un vínculo satisfactorio, redundando en una insatisfacción con la experiencia corporal. Existe en quien lo padece una actitud indulgente que los hace negar las consecuencias de sus actos (Stice & Bohon, 2012). El manejo de las emociones y la impulsividad son condiciones a trabajar en estos trastornos, sin embargo, en el grupo aprendimos que todos guardamos compulsiones, “no diagnosticadas”, disfrazadas con otras actitudes.


Hemos podido comprobar metodológicamente, que después de 16 sesiones los Grupos de Desarrollo de Conciencia (GDC), proveen al participante de ecuanimidad. Esto se refiere a la habilidad que tiene una persona para dilatar sus respuestas frente a los acontecimientos, así como su capacidad para tolerar la frustración frente a situaciones de adversidad. Implica un alto grado de autobservación, es decir, que la persona sea capaz de hacer una pausa consciente para comprender qué es lo que está pensando y sintiendo frente a lo que le ocurre.


El grupo opera desde adentro de la conciencia como un yo “reflexivo”, permitiéndole a las personas experimentar la responsabilidad de sus actos, en lugar de vivirlos como delitos que merecen ser castigados. Sus integrantes promueven una metamorfosis gradual, donde la necesidad que existe por el pastel de chocolate se convierte en la aceptación del deseo, de que alguien se interese por mí.


Todos podemos vernos reflejados en estos espejos…

En ocasiones nos descubrimos ejerciendo conductas compulsivas muy a pesar nuestro. Sin embargo, nos observamos incapaces de parar ya que éstas nos seducen discretamente. Por momentos, dichas conductas nos provocan culpa y vergüenza, pero ni así logramos detenernos, debido a que simultáneamente nos hacen sentir una especie de autoafirmación subrepticia y pasajera que resulta ser aún más poderosa que la misma culpa y la vergüenza. En este encuentro, Rebeca se convirtió en la voz del grupo. Espero que esta voz te invite a reflexionar sobre los paliativos que tú, en lo personal, has adoptado para intentar colmar el vacío de tu propia existencia.




Comparte tu opinión

¿Consideras que existen ciertas conductas compulsivas relacionadas a la etapa de vida que atraviesa una persona?, ¿crees que la compulsión y la inmadurez pudieran estar relacionadas?, o para que una persona deje sus compulsiones, ¿será suficiente que conozca las consecuencias de sus actos? Déjame tus comentarios, me encantará conocer tu opinión.


Referencias Bibliográficas

  1. Stice, E., & Bohon, C. (2012). Eating Disorders. (Wiley, Ed.) (2nd edition). New York.

  2. Hall, L., & Cohn, L. (2010). Bulimia, a guide to recovery. Gürze books: CA.

Texto: Natalia Ruiz / Ilustración: Diego Zayas

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