La victimización: una actitud redituable
- Admin
- 8 ene 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 12 jun 2023

Ya eran varios los encuentros que habĆa tenido con este grupo y, aunque el cambio Ā era una constante, tambiĆ©n habĆa otras cosas que permanecĆan iguales. Una de ellas era el discurso de Martina, sus palabras entonaban una melodĆa predecible y repetitiva:Ā
āLa actitud de mi esposo estĆ” llegando a un lĆmite. Quisiera que logrĆ”ramos un acuerdo económico en el que yo supiera con quĆ© cantidad cuento al mes para mi SDS. (Solo Dios Sabe en quĆ© me lo voy a gastar). Hoy le pedĆ un cheque para pagar mis sesiones de grupo y me contestó que dejara de gastar el dinero en tonterĆas. Pero lo peor del caso es que tampoco le parece muy buena idea que busque un trabajo. Su control me estĆ” matandoā.
Aunque la actitud de Martina pareciera la de una mujer sumisa y controlada, era evidente para todos que tambiĆ©n guardaba una enorme ganancia.Ā
Desde niƱa Martina aprendió a vincularse con los otros a partir del control. Su padre, un hombre rĆgido y de ideas conservadoras, tambiĆ©n exigĆa de ella un sometimiento a sus normas. Si bien el alimento que recibió en la infancia, control y dominio, era un factor influyente para que buscara repetir esta conducta en sus Ā relaciones, tambiĆ©n es cierto que no tenĆa porquĆ© ser determinante.
Martina aprendió a conformarse con las falsas ganancias que traĆa el control a su vida, pero tambiĆ©n aprendió de su madre a sacarle un mayor provecho al sentirse la mĆ”rtir frente a sus circunstancias.Ā
Esta conducta, la victimización, puede ir acompaƱada, por lo general, de dos tipos de Autoconceptos. Cuando se trata de un Autoconcepto inflado, este tipo de personalidades buscan ser atendidas por las personas que los rodean, y cuando esto no ocurre, cuando se sienten rechazadas o poco vistas, entonces lo viven como una agresión. Suele existir en este tipo de personalidades un perfil paranoico que los lleva a imaginar que estĆ”n siendo vĆctimas de alguna conspiración en su contra.Ā
Por el contrario, cuando esta actitud va acompaƱada de un Autoconcepto devaluado, suelen deprimirse, ya que no se creen lo suficientemente capaces de salir adelante sin la ayuda del otro.Ā
A Martina parecĆa convenirle el control de su esposo. ĀæPor quĆ©? Porque de esa manera evitaba enfrentarse a sus propios miedos al tener que buscar un trabajo o alguna actividad que la hicieran ser independiente. Para ella era mĆ”s cómodo echarle la culpa a Ć©l de sus incapacidades al victimizarse de sus circunstancias.
Si algĆŗn dĆa Ć©l cambiara su actitud tirana por una mĆ”s demócrata, ella se verĆa confrontada consigo misma y su libertad, porque ya no tendrĆa a quiĆ©n mirar para que la proteja de sus inseguridades. Es decir, ya no habrĆa mĆ”s pretextos para dar los siguientes pasos.
Ella se decĆa a sĆ misma: āno es que yo tenga miedo de ser independiente, es que Ć©l no me dejaā o āes que yo he tratado, pero Ć©l me pone trabasā.
Martina se mostraba dĆ©bil y maltratada para entonces buscar que los otros sintieran compasión por ella, pero ademĆ”s, con esta actitud se mantenĆa a salvo de tener que tomar acciones que le significaran un desgaste emocional.Ā
Ejercer nuestra libertad como seres humanos representa un reto que muchas veces preferimos evitar. Significa ejercer la responsabilidad de decidir quĆ© queremos y de encontrarle un sentido a nuestra propia existencia, de tal manera que si en el camino nos equivocamos, implica tambiĆ©n aceptar que de nosotros ha surgido la propia adversidad.Ā
La victimización y un perfil infantil se encuentran Ćntimamente relacionados. En la vida adulta, quien cree ser la vĆctima, sin serlo, se infantiliza, ya que espera ser rescatado por figuras que considera superiores a Ć©l. Se sabe indefenso y sin posibilidades de ejercer su autonomĆa. Por lo tanto, queda conferido a la necesidad del otro. Descubre una falsa ganancia al descansar su propia angustia existencial en alguien mĆ”s. TambiĆ©n corre el riesgo de perder su propio deseo.Ā
Pero habĆa otra cosa. Cada vez que el grupo o yo misma intentĆ”bamos hacerle ver esta posibilidad a Martina, ella se mostraba confundida, poco receptiva, pero sobre todo, se habĆa vuelto una experta en justificar su conducta.Ā
Para ella estaba siendo difĆcil aceptar lo que el grupo o yo podĆamos darle. AsĆ que no puedo negar que, de pronto, comencĆ© a sentirme cansada.Ā
Hay muchas razones por las cuales los consultantes se niegan a recibir diversas intervenciones. Cuando eso ocurre, suelo pensar en varias alternativas. La primera, que no he cuidado el tempo interno de quien recibe mis interpretaciones, que me precipitĆ© y que aĆŗn no estaba lista para escuchar lo que yo tenĆa que decirle. Otras veces descubro una enorme resistencia al cambio. No ver lo que para muchos puede ser evidente nos mantiene a salvo de enfrentarnos a lo diferente. TambiĆ©n existe otra posibilidad, la cual ocurre en ciertos casos donde el consultante comienza a rivalizar con el consultor. Cuando eso sucede, me detengo a reflexionar sobre lo que estĆ” ocurriendo en nuestra relación.
PensĆ© en mi cansancio, en cómo frente a lo que yo querĆa ofrecerle se interponĆa un muro que no me permitĆa ir mĆ”s allĆ”. Al adentrarme en mis afectos descubrĆ cómo su ānoā, tan repetitivo y constante, mĆ”s que una respuesta se habĆa convertido en un lĆmite, asĆ que la invitĆ© a hablar de ello. Respondió enfĆ”ticamente:
āSiento que con tanta insistencia a que yo vea algo que francamente no veo, ustedes me estĆ”n queriendo controlar. Quieren controlar lo que pienso y lo que siento. Perdón, pero yo lo veo diferenteā.
Esta intervención fue el punto de quiebre para que la melodĆa tomara, finalmente, un tono distinto.Ā
āMartina, dĆ©jame ver si puedo acomodar lo que estĆ”s sintiendo en esta sesión. El grupo ha colaborado a lo largo de varios encuentros para que descubras quĆ© es aquello que te hace someterte al control de tu esposo y que, ademĆ”s, tanto te molesta. Sin embargo, parece que has interpretado esta ayuda que todos han intentado darte como un estilo de control, asĆ que esto debe de hacerte sentir muy enojada y frustradaā.Ā
Martina dibujo una sonrisa con la que finalmente se dijo āsĆāā¦
Que ella pudiera experimentar esta actitud frente al grupo fue lo que le permitió una aproximación mĆ”s exacta para descubrir los obstĆ”culos que le impedĆan recibir ayuda. Pudo darse cuenta que lo que buscaba era sentirse controlada, porque esa era una emoción que conocĆa. Pero ademĆ”s de esa manera podĆa escucharse decir para sĆ misma: āNo es que yo no quiera cambiar, es que ustedes no me comprendenā.Ā
A partir de trabajar en el aquĆ y en el ahora, es que Martina pudo ver, en tiempo real, que ella preferĆa sentirse controlada y dominada, antes de tener que asumir que en ella existĆa un gran miedo a ejercer su libertad. Descubrió cómo el obstĆ”culo para lograrlo no eran ni su padre, ni su esposo ni mucho menos el grupo, sino ella misma.Ā
A partir de la reflexión de Martina es que el grupo pudo trabajar en sus propias epifanĆas:
āVeo cómo me victimizo porque siento mucha responsabilidad de tener que hacer felices a los otros. Pero en realidad, me doy cuenta que la ganancia que obtengo es la de darme mucha importancia personalā.
āPor no responsabilizarme de las malas decisiones que he tomado, me victimizo. Yo elegĆ casarme con ella y hoy en medio del divorcio es muy fĆ”cil hacerme el mĆ”rtir porque veo que obtengo la ganancia de no hacerme responsable de lo que me toca asumirā.
āMe di cuenta de cómo cuando me dijiste que sientes que no te escucho cuando hablas, me justifiquĆ©, por no decir que en realidad me victimicĆ©. Veo que la ganancia que obtengo es evitar vincularme porque me da mucho miedo, pero en realidad, no sĆ© cómo hacerloā.
El espejo de la tƩcnica grupal
El ser humano suele enfrentarse a tres tipos de actitudes. Diferenciar una de otra nos permite tener una mayor claridad con respecto a sus orĆgenes.Ā
Analicemos cada una de ellas:
Las actitudes nodales: aquellas manifestaciones en nuestra conducta que denotan un nudo no resuelto del pasado. Transferimos al presente aquello que en su momento no pudimos, o no supimos resolver del pasado, buscando darle una salida a nuestras emociones.
Las actitudes aprendidas: estas predisposiciones perceptivas tienen que ver con nuestro Imaginario. Todo aquello que adquirimos en forma de condicionamientos. Lo que aprendimos de nuestros padres o figuras de amor cercanas y que repetimos por imitación, porque eso fue lo que nos enseƱaron.Ā
Las actitudes autónomas: aquellas a las que aspiramos cuando nos permitimos ser espontĆ”neos al aceptar nuestros miedos. Son aquellas que reflejan lo que verdaderamente somos y lo que genuinamente deseamos.Ā
Todos podemos vernos reflejados en estos espejosā¦
La experiencia de Martina nos enfrenta con nuestros propios miedos e inseguridades. Buscar deshacernos de ellos puede resultar tan liberante como amenazante. Es por eso que la victimización se construye como un escudo que nos protege de tener que asumir nuestra propia responsabilidad en medio del conflicto. Aceptarlo nos permite ir dando pequeños pasos hacia la conquista de nuestro propio ser. Validar lo que deseamos no solo es necesario, sino que ademÔs, es la única manera de alcanzar la verdadera libertad de ser quienes genuinamente somos. Dejemos de ser nuestros propios enemigos y convirtÔmonos en aliados de nuestro propio crecimiento.
Complementa la lectura con esta reflexión en audio o video.
Comparte tu opinión
¿Cómo lograr asumir la responsabilidad de nuestra vida sin sentirnos amenazados? ¿Es la victimización una conducta que se hereda por imitación? ¿De qué depende que ejerzamos actitudes autónomas?
Referencias BibliogrƔficas
Ruiz, A. (2017). Curso I en lĆnea, El Conocimiento de Uno Mismo. Instituto de SemiologĆa, S.C. https://semiologia.net/curso-i-el-conocimiento-de-uno-mismo/
Texto: Natalia Ruiz